Sueño revelador

cuentos, reflexión y motivación, sucesos y fenómenos, valores
 Poema al azar
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Guillermo de la cueva
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Negó su mirada al fuego,

Derramando una melaza negra a modo de riego,

La dirigieron entonces miradas atentas y frías,

Y su pálida hermana

También la observaba al inicio de su mañana,

Que era el preludio de su día.

En estas se encontró el viajero perdido

Bailarín de la vida, sin sentido

Del ritmo,

Contracorrienteador del destino

Y jugador de la última carta.

Tras llegar hasta donde esta definición abarca

Abarcaremos los sucesos que este cuento alcanza.

Despertose el aventurero

En esta negrura de mal agüero,

Encontrose desaparecida toda luz, y sus miembros inmóviles como sujetos por cuero.

‘Nada nuevo, nada nuevo’

Para sí pensó.

‘Cuando quiera vuelo.’

‘Cuando lo desee me despegaré del suelo.’

Proclamó.

Un nudo de desesperación

Había nacido en su estómago y su corazón,

Intentaba ignorarlo

Como si el no hacerle caso fuera a borrarlo,

Intentó arrancarlo

Mediante auto convicciones

De argumentos pobres:

Cuando quisiera se levantaría,

¿Entonces por qué no lo hacía?

‘No lo he intentado.’ Se decía.

Pero había algo dentro de él que lo sabía,

Una voz a la que acallar intentaba

Bajo la no actuación y la ignorancia que era lo que lo apresaba.

¿O no era ese el caso?

En ese momento se percató de algo

¿Cuánto llevaba así?

No recordaba lo anteriormente pasado,

‘Quizás así nací.’

No, lograba recordar antiguos y lejanos días

En los que actuaba, se movía.

¿Qué ocurría?

¿Quién lo apresaba?

Lo aterró la idea de que alguien lo hubiese atado,

Lo cierto es que no recordaba cómo allí había llegado,

¿Qué pasaba?

Que él recordara nadie le odiaba,

Nadie podría haberle hecho esto

‘Tonterías.’ Pensó.

‘No he puesto interés, ni lo he intentado, solo es eso.’

Se quedó a gusto, tranquilo.

Era una noche de verano, fresca, pero no hacía frío,

Cerró los ojos y se dejó acariciar por la brisa

La suavidad de seda se adaptaba a su rostro de forma precisa,

Pero de repente se percató de algo

Su corazón dio un salto

Propio de cuando

Echas en falta alguna cosa,

Abrió los ojos y con vista borrosa

Intentó mirar alrededor,

Nada, todo negro

No alcanzaba a ver ni su propio cuerpo,

Todo era como antes pero algo le extrañaba

Ese temor y esa duda lo acechaban,

Tras pensar un buen rato se percató,

Fue de esas verdades que te golpean como un bofetón;

No había estrellas,

Por no haber no había ni cielo en el que estuvieran ellas,

Solo oscuridad.

Esto le asustó

Pero no pudo centrarse en ello

Porque escuchó

Algo detrás, algo en movimiento,

Algo se acercaba,

Desesperado trató de girar el cuello

De moverse, pero sus ataduras no le dejaban,

Lo oía, con más fuerza cada vez,

Más cerca…

Más cerca…

Se apoderó de él el pánico y el estrés,

En el momento álgido

De máxima cercanía

Cesó el sonido,

Se quedó inmóvil, más quieto de lo que había estado en su vida,

Escuchó;

Contuvo el aliento,

Podía oír hasta el crujido de cada articulación y cada latido de su corazón,

Ya no había viento,

Escuchaba hasta el chirrido del roce de sus huesos,

Levantó la cabeza del suelo

Forzando su cuello

Que sonó como miles de palos quebrados,

Como los cascos de una carrera de caballos,

Era un silencio absoluto

No vio nada en derredor suyo,

Solo oscuridad,

Se mantuvo así un tiempo

En absoluta inmovilidad

Y fue entonces cuando volvió el viento,

O eso creyó al principio

Pero era caliente y húmedo,

Y entonces le sobrevino

Un escalofrío que recorrió su columna en un momento,

Era como un aliento,

Se debatió furioso contra sus ataduras

Luchó con todas las fuerzas que le dio el pánico

Dio su último hálito

Y fue inútil se mantuvieron tan rígidas y duras

Como al inicio,

Agotado solo oía su agitada respiración

Por lo demás, silencio,

Su desesperación

Y su pánico seguían intactos,

Pero el agotamiento le impedía cualquier acto.

Se dio cuenta de que caían lágrimas por sus mejillas

Y que le ardían los tobillos y las muñecas,

El esfuerzo había sido tan terrible que le dejó la boca seca

Y los labios quebrados que solo se refrescaban por las pequeñas lagrimillas

Que a ellos llegaban,

Solo deseaba

Como nunca antes deseó nada

Una luz, una estrella,

Y entonces sus ojos todo pupila negra

Sufrieron y quedó su vista deslumbrada,

Habían aparecido estrellas como por arte de magia

Como si el mundo a sus deseos obedecido había,

Deseo entonces que lloviera

Y cayeron unas frescas gotas como si rocío fueran.

Había mucha luz o eso le parecía

Lo cierto es que era una noche bastante oscura,

Y esa agua, nunca había probado una tan pura,

Observó el paraje que lo rodeaba dándose cuenta de que era una zona bastante vacía

Se encontraba en una tierra oscura y sin cuidar,

Parecía un lodazal

Sus ataduras se hundían en el barro de una forma imposible;

Le animó tener un cuerpo visible,

Y entonces exigió a ese mundo que le mostrara su captor

Y lo vio

Y le aterró

Era una figura inhumana ¿o quizás no?

Estaba en el límite de su corta visión,

Era un ser antropomorfo inmóvil de brazos y dedos larguísimos en tensión,

Nuestro aventurero se echó a temblar en una mezcla de furia y miedo

Le gritó que se acercara

Que lo liberara

Y se enfrentaran en igualdad de condiciones luego,

El ser muy despacio

Paso a paso

Se acercó,

Su forma cambió

No era un monstruo, era humano

Un hombre encapuchado

Que le tendía una mano.

‘Sabes que estoy atado.’

‘¿Te burlas de mí bastardo?’

El misterioso individuo sin rostro no se movió.

‘¡¿Quién eres?!’ Gritó.

‘Desátame.’ Dijo debatiéndose.

La imperturbabilidad del encapuchado lo enfureció,

Deseó matarlo y se imaginó a sí mismo con placer estrangulándole

Con grandes gritos y con gran furia luchó,

Y terminó rompiendo las cuerdas

Abalanzándose contra el hombre de desconocida identidad,

Lo tiró al suelo y lo golpeó sin parar, sin piedad,

Como un perro rabioso, con sus puños y con una piedra

Y entre salpicones de sangre y lodo

Se halló a sí mismo sobre un cadáver,

Había acabado todo.

Trató de levantarse

Y fue entonces cuando sus tobillos quemados

Hablaron

Y cayó de inmediato

Al lado del hombre al que había matado,

Decidió ver quien se ocultaba tras esa capucha,

Se la quitó,

Invadiéndole un olor a muerte y metal mientras lo observaba con atención

Pues creía que lo conocía a pesar de las deformaciones ocasionadas por la lucha,

Asqueado se dio cuenta de que lo había visto antes, estaba claro

Pero esperó extrañado,

Se recostó contra el árbol junto al que habían acabado,

A su espera fue haciéndose de día

Quizás porque sus deseos inconscientes lo exigían

Y con el incremento de luz

Lo vio.

‘Eres tú’

‘Eres…’ murmuró

‘Eres yo’

Y llegó el despertar

Y pudo entender todo lo demás.

 

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