*ABANICOS DEL OLVIDO* ANA MARÍA MANCEDA

otros poemas
 Poema al azar
Publicado por:
Ana MarIa Manceda
Ver biografia completa

*ABANICOS DEL OLVIDO* ANA MARÍA MANCEDA

 

 

 

   Noche y las sombras de las hojas de los árboles

   nocturnos. Abanicos fantasmas refrescando amores

   en  las puertas de los zaguanes. El aire del trópico, la música caribeña de la  radio se expande en los recuerdos. Día, feria,    olores de verduras y frutas. La humedad y el calor se    adhieren a la eterna piel de la juventud que iluminará                                                                                                                                                                             

   todas las primavera por venir. Risas. Puerto y tango.                      

   Melancolía. Sonido vibrante. Amores, locos amores.                                                                   

   Crepúsculo ¿Ocaso?  Qué importa!

 La noche me espera con las sombras de las hojas

   de los árboles nocturnos. Fantasmas. Hay un zaguán

   largo, muy largo, se oyen suspiros y un suave aliento. 

  Y cientos de abanicos deslumbrados, olvidando amores.                                                        

 

        

                           

                          

*ABANICOS DEL OLVIDO* ANA MARÍA MANCEDA
Se habla de:




Acerca del autor



Ana MarIa Manceda
Escritor(a) en laspoesias.com
Ver biografia completa
Poemas publicados: 6
Cómo mostrar mi imagen

Poemas recomendados


Poema de amor imposible

POEMA DE AMOR IMPOSIBLE El universo es tuyo porque cabe en tu mirada, porque tus ojos son grandes y bellos como la niebla; porque tus párpados arrastran mundos, porque el cielo es tu sonrisa y sus manos agitadas.   Eres


Poema sobre los senos

TUS SENOS, MUJER, llenos de carne amada, como redondas frutas caras al paladar, como sabrosos duraznos y edénicas manzanas. ¡Cuán delicioso sería tocarlos! Qué hermoso que fueran de polen y que yo me transformara en abeja famélica… Entonces no pararía


Cuando uno quiere huir

QUIERO HUIR, HUIR, HUIR. Ya no quiero seguir recluido en esta casa; estoy hastiado. Me tortura la sola idea de poseer —como algo imperioso— algo en los dedos para poder vivir; me aterra que al final de nuestras vidas —de