ABANICOS DEL OLVIDO

otros poemas
 Poema al azar
Publicado por:
Las poesías
Ver biografia completa

*ABANICOS DEL OLVIDO* ANA MARÍA MANCEDA

 

   Noche y las sombras de las hojas de los árboles

   nocturnos. Abanicos fantasmas refrescando amores

   en  las puertas de los zaguanes.

   El aire del trópico, la música caribeña  de la

   radio se expande en los recuerdos. Día, feria,

   olores de verduras y frutas. La humedad y el calor se         

   adhieren a la eterna piel de la juventud que iluminará                                                                                                                                                                             

   todas las primavera por venir. Risas. Puerto y tango.                      

   Melancolía. Sonido vibrante. Amores, locos amores.                                                                   

   Crepúsculo ¿Ocaso?  Qué importa!

 La noche me espera con las sombras de las hojas

   de los árboles nocturnos. Fantasmas. Hay un zaguán

   largo, muy largo, se oyen suspiros y un suave aliento. 

  Y cientos de abanicos deslumbrados, olvidando amores.                                                        

 

        

                           

                          

ABANICOS DEL OLVIDO
Se habla de:     


Acerca del autor



Las poesías
Escritor(a) en laspoesias.com
Ver biografia completa
Poemas publicados: 1419
Cómo mostrar mi imagen

Poemas recomendados


Por mi que cayeran las bombas

POR MÍ QUE CAYERAN LAS BOMBAS Por mí que cayeran las bombas que el cóndor pasara escupiendo granadas y que estallaran en puntos de luz entre las hojas que desaparecieran las hormigas las botas el acero terrible Por mí que


Te busco amor

TE BUSCO AMOR hasta olvidadas playas; tiro mis flechas y te traspasan. De pronto, amor, tu garganta salpicada de flores, mi capullo, te vienes y tus pies son como dos caracoles /y envuelven la tierra, te vienes y eres hermosa


Lo que extraño de ti

LO QUE EXTRAÑO DE TI No te miento si te digo que extraño hasta tus furias, tu almohada aplastada contra tu mejilla, y el rojo y el lento alfiler para herir olivos o alacenas. Extraño tu ironía y tu risa