Algo sobre el saber rendirse

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ALGO SOBRE EL SABER RENDIRSE

 

“No es el violín, sino la nota que se desprendió;

no es el hombre que vivió, sino la vida”

 

Dices que la errante estrella se equivocó

y va ciega,

movida al azar de los vientos:

Es el sonido del universo que palpita,

o es el sonido del corazón que se expande.

 

De la semilla seca se levantó tu jardín;

pero ese mismo jardín era a veces algo antropófago

y solitario.

 

Cabalga tú a ninguna parte,

al lugar donde se esfuman las fuerzas

y quedas sola, ante la misma honda pena;

al lugar donde hay gritos hechos con tu sangre

y mi sangre.

 

Vuela tú por continentes ignotos

y enfadados mares y, sin ver nada, sobrecógete

ante un dolor que endulza tu carne.

Se tropezó para aprender a caminar

y era necesario.

La piedra adornó el pie.

 

Los continentes a nosotros han venido,

desnudos,

suaves,

y ni siquiera el erotismo ha pasado,

ni siquiera una ola se ha estrellado en la cabeza.

 

Las tinieblas han estado albergadas en nuestro ojo,

en vano buscamos afuera sin hallarlas.

 

Y el amor ha agonizado en la roca

inundado de saliva inútil.

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