Camino mientras miro los dedos de mis pies

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CAMINO MIENTRAS MIRO LOS DEDOS DE MIS PIES

/en la punta de los zapatos.

Ahora tengo conciencia de mí

Y sé que mis dedos se han agigantado

Y palpitan como si tuvieran un corazón en cada falange.

Yo también palpito como si tuviera un montón

De falanges en el corazón.

 

Estoy aterido.

Tengo furia en mi alma solitaria y dulce.

Yo amo en vano.

 

En vano se agigantan mis manos

Y en vano explotan sobre otras islas,

Pieles,

Ojos luminosos que cabalgan sobre territorios torrefactos

y distantes,

ajenos a mí.

 

Necesito lo más elemental.

 

No pido plumas.

Mausoleos, vendas de oro,

Lámparas debajo de las tablas.

He visto

Correr el agua entre las piedras inmóviles del caño. Yo

Viro mi paraguas de acuerdo a la inclinación de la lluvia

Y abro más los ojos para reconocer

A ese que va de espaldas.

 

Amo una arcilla del color de los niños.

Amo esos niños si son inocentes

Y besan con sus frentes el viento.

 

Tú estás aquí.

Deja

que

el

viento

acorrale

tus

párpados,

Deja que mis brazos embosquen tus latidos.

 

—Aquí rodará sangre

Y tus plumas caerán como copos de nieve—.

 

Aquí

no hay fusiles

Porque es más bellos palpar tu cuerpo;

Aquí no hay masacres

Porque es mejor emboscarnos entre las hojas

Y matarnos a besos.

Y es mejor volver a la casa siendo todavía jóvenes,

Vivos y vigorosos,

No cercenados.

Pero entonces te vas cuando las heridas corren

Y florecen.

 

Yo camino con los zapatos inundados.

Llego inundado.

 

Te persigue mi nocturna ansia de ti,

Te aprisiona mi ímpetu volcánico.

 

Estoy a punto de declararme desahuciado.

 

Yo troto a veces,

Sin piernas,

Sin zapatos,

Con olvido.

Soy un olvidado en la espesura de tu dorso deshabitado.

Hay también casas deshabitadas,

Barrios olvidados visitados por el polvo,

Frentes quemadas, manos agrietadas por la vida.

Hay también trenzas rígidas,

Ladrillos que miran en las noches,

Estrellas pintadas en los muros,

Tendederos públicos que lloran silenciosamente

Y grillos que se resisten a dejar su lenta invasión de cemento.

 

Hay también —por supuesto— mucho insomnio,

Muchas cosas que no se parecen a ti.

Cierro mi para-lluvias.

Camino mientras miro los dedos de mis pies

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