El asesino

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TU LOS MATASTE con esas manos de la muerte,

como quien devora las fichas de un ajedrez.

¿Cómo puede caberte tanta sangre en las manos?

¿Cómo puede la angustia desbordada en los ojos de esos niños frágiles

no fulminar los tuyos?

Tú eres un horror,

un espanto de la noche o de la pesadilla.

En ti me avergüenzo de ser un poco de hombre.

Estás loco mi amigo,

la cabeza te arde

y allí te caben todas las vidas sin luz.

Porque es mejor descender al valle de la eternidad

que vivir llevando una vida en gris.

¡Mírate!

Un grito ha salido de tus manos;

es como de voz frágil,

como de un torbellino de sueños vírgenes

que un día se paseó por esas frentes

en que ardían las risas.

¡Tú los pariste!

Aún está la sangre tibia en tus manos;

aún una sed te agita.

Mira estos niños que corren por el prado…

podrían estar allí tus hijos,

y tu padre,

y tu madre cuyo único error

fue un hijo sin Dios y sin hombre.

¿Eso te hiere?

Buen comienzo, ¡estás vivo! ¡Sientes!

Quizás aún no es tarde para dejar volar una paloma,

quizás aún los campos teñidos de sangre

puedan reverdecer.

Más… hay una sangre… una sangre.

No te condenes;

lánzate desnudo a la vida

que todavía late un hombre.

Autor: Joehan Romero

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