El guerrero

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EL GUERRERO

 

Pasan las noches y vemos, a veces, alear a lo lejos

los fuegos de la guerra.

 

Y pasan los muertos,

las casas desbaratadas,

las mejillas fusiladas de una madre.

 

El guerrero.

¿Dónde está el guerrero?

 

Yo no sé ni quién es el enemigo,

yo no sé qué feroz puñal se esconde

detrás de los árboles.

 

A veces me quedo como un muerto

—y de veraz me muero por un instante—.

Entonces se acaban estos himnos de combate

y las voces que me hieren como el frío.

Y yo me veo de vuelta en las latitudes que amo,

libre de granadas en mi mano,

libre de ojos agonizantes

a los que les he cegado la luz para siempre.

 

El guerrero apenas si ha sobrevivido en la selva

en que ha visto más muertos que estrellas.

 

Fuimos educados para la guerra y hemos perdido.

Acaso ¿no es esto un juego de sangre

en que todos perdemos?

¿No es esto muy semejante a las aguas polares

que aniquila el hielo?

 

En vano hemos derramado nuestra sangre

en esta tierra de gritos inútiles,

de guerras inútiles.

 

El guerrero ha entregado las armas

para no perder el combate.

Y hay unos brazos abiertos esperándolo

desde el mismo día en que dijo:

“Hoy me demoro menos que nunca”.

Autor: Joehan Romero

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