El podador

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EL PODADOR
va donde crecen las zarzas
y arranca con sus diente la espina,
allí donde el cieno inunda todo,
crecen los cartuchos y los berros.
No te afanes,
toda sangre tiene un límite;
allí donde se pudre el becerro se juntan los chulos,
y dejan sólo el cráneo pálido.
El patriotismo es encerrarse, poner un límite,
fronteras en la frente.
No te afanes,
aquí o en la oceanía tú eres el mismo;
cae derretido en tu propia guerra de carne.
El día pasa como un torbellino,
la masacre no cesa,
hay cuerpos con la quijada cortada,
con los ojos quemados,
hay un cáncer irreversible,
hay un podador con su hoz desangre,
y su hoz es un pañuelo impoluto,
ruedan los gritos,
el viento teñido de lámparas podridas,
no puedes evadirte,
la persuasión se desvanece,
no te preocupes,
allí donde se prostituyeron las espadas
cae el océano por siglos,
y el fratricida tiene su recompensa,
y el que mató los crepúsculos de nieve,
hay un niño que corre,
y hay un niño que cae,
con cartuchos en la espalda,
vestido de verde subversivo,
la prostituyó la guerra, el hambre,
el destino.
Hay machetes en la cabeza,
y vida derramada en el campo de arracachas,
vivir duele,
y duele por lo débil,
por las alcantarillas en que cayeron los perros asesinados,
se hunde el continente,
se hunde el diluvio de los gritos,
resurge la isla, la otra cara más pura,
la casa en que vuelan pájaros de nieve.

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