Hijos sin memoria

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DESMEMORIA

Soy un hijo sin memoria,
no recuerdo ya ni mi propio nombre.
¿Quién soy?
¿Qué pregunta me acabo de hacer?
¿Cuáles son los labios que me nombran?
¿Y hay labios?
¿Y me nombran?
Yo salgo de mi casa
y al volver, no vuelvo,
he olvidado las murallas en que reposa,
los torbellinos que despedazan cuerpos.
Entonces vago sin hallar mi casa,
y no digo casa porque lo recuerde
sino porque de algún lado habré de haber surgido,
de algún estiércol habré de haber retoñado.
¿Pero hay estiércol?
¿Y de él retoñan cosas?
Esto es como si a cada instante naciera,
pero también como si a cada instante apagara los ojos.
¿A dónde voy?
¿Tengo raíces?
¿He sido feliz?
Estoy caminando, pero ¿he caminado?
A veces me despierto en la mitad de la noche,
anegado en llanto,
y en vano busco el origen
de mis ojos destruidos,
de mi corazón cayéndose en costras,
de mi propio dolor muriendo a cada instante,
y desapareciendo,
quedando en el olvido.
Yo no lo sé,
yo busco los látigos que azotan mi espalda
y ni siquiera encuentra mi espalda,
no hay sangre escurriendo por sus venas,
no hay brazos torcidos
ni metales candentes.
Pero yo no lo sé,
yo sólo encuentro hojas escritas,
torrefactas por sudores,
signos que en su dorso blanco gimen;
pero yo no lo sé,
si lo supiera,
si tuviera memoria.
Yo sólo escucho el rifle debajo de la piel
y un estallido como mudo,
como una voz que me es indiferente,
como pájaros heridos que apreso
y que se borran una vez que caen.
Yo no lo sé,
yo hasta que olvidado ya que olvido,
que no tengo memoria.

Hijos sin memoria


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