Los mendigos

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LOS MENDIGOS

 

Uno es el que va por las calles con las manos en blanco,

El que grita para saber si aún tiene voz,

El que pellizca su carne para ver si aún está vivo, si respira.

 

Uno es ese al que la vida le pone el corazón

En una licuadora para corroborar que tiene sangre,

Que aún palpita, que tiene llanto.

Uno es al que le tiemblan los dientes, los cabellos,

El que va con los ojos desteñidos,

El que estira su mano en el quicio de una catedral

De espantos y sale más blanca, blanca,

pero en blanco.

 

Uno es el que tiene hambre,

El que apenas tiene fuerzas para mantenerse

/de rodillas,

Exprimido contra el estiércol.

 

Uno es el que ve pasar esa gente feliz,

Esa gente que no lleva sudores turbios en el cuello,

Que no ha oído el ruido del estómago,

Que no ha estado en medio de una estampida de las moscas.

 

Uno es el que va por las calles y es el delincuente,

El que va solo y es el hijo de nadie,

El que va desnudo y es el impúdico,

El que tiene sed y es el muerto de hambre,

El que está muriéndose.

 

Uno es el que va con las manos en blanco

Y, entonces, no es nada,

Ni nadie;

El que se estira en medio del prado

Y ni siquiera se le prende la fragancia de las flores;

El que abre los ojos y es un iluso,

El que los cierra y se muere.

Los mendigos




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