Los profetas

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LOS PROFETAS

“La vida del hombre es hacer y luego destruir lo que hace”

Háblame en esta hora triste con voz que mueve
el silencio indescifrable;
háblame aunque caiga herido medio mundo
y la luna se rompa en la noche del terror;
que no importe si el poblado hecho ruinas
cae a tu mano;
que no importe si el océano desbordado destruye tus ciudades.
Y yo veía emerger luces que marchaban a la isla.
Y yo luchaba porque hubiera en mí una serpiente emplumada.
Pero primero rodó el mundo de su antiguo sitio;
el mar se acercó a mi voz y se fue volando,
voló hacia tu nido.
Háblame de los profetas.
Háblame una vez más aunque mi carne ya no resista
y encendida como unos leños te incinere el alma.
Pero si hoy ya no resisto más,
si antes de liberarme caigo muerto,
déjame volver en los días del terror,
deja que el águila me trague minuciosamente
y que sus garras me traspasen sin piedad
porque no soy yo ángel sino bestia terrible.
Los profetas. Los profetas.
Siempre heridos con el veneno de tu lengua.
Los profetas por tres días muertos se levantaron.
Dichoso el que quiera incendiar su médula
y salir volando;
dichoso el que empuñe la espada y no tiemble para morir.
Acaso las alas de un águila te apresen en vuelo.
Acaso sus garras arañándote te empollen
y salgas manchado en sangre,
como si la noche te hubiera parido;
como si el mundo, consumido en ceniza y olvido,
pueda extinguir la llama que todavía arde.

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