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“Sólo un milagro podría salvarme”

 

SEÑOR DE LOS EJERCITOS:

sálvame,

no permitas que descienda ahora

y que vuelva a morir de nuevo.

Padre,

tú eres la vida;

ven a mi vida para que yo tenga un poco,

y no me dejes…

porque si tú no éstas es preferible morir;

si tú no éstas es preferible morir

y no volver a nacer nunca;

si tú no éstas es preferible hacerse polvo,

pero no polvo sensitivo sino algo muerto

que no ha de revivir nunca.

 

Sólo un milagro puede salvarme;

ven y sálvame,

humedece mi cuerpo con tu sangre

y retoñará como los cipreses,

recógeme de entre la lejía

y seré una paloma entre tus manos.

 

Ven y sálvame de esta noche espantosa

como la desesperanza,

riega luz entre la oscuridad de mi alma,

háblale al silencio de mi muerte

y resucitaré al sonido de tu boca.

 

Señor,

soy tan débil —¿Cómo esconderlo?—

Dame fuerzas aunque sea para decir tu nombre.

Y si digo tu nombre se encenderá una llama.

Haz un milagro

Y enciende mis lámparas.

Haz un milagro y sálvame,

levántame de entre la ceniza

y hazme resucitar de entre los carbones apagados.

Entonces abriré mis alas ígneas,

lleno de diademas en la frente,

y sacudiré la ceniza de entre mis plumas

y me elevaré de nuevo buscándote.

 

Sólo un milagro puede salvarme.

Ven y sálvame.

Autor: Joehan Romero

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