Poema de amor (Solo mis labios)

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SOLO MIS LABIOS

“Cómo pensar que sólo mis labios

te acechan en la sombra”

Mujer de mis besos, veinte años buscándote,

en la cordillera. en mi sangre, debajo de las tablas de mi aposento. No estás, no estás para mí: Esquelética

de las flores.

O tal vez eres tú la que ha cruzado en el viento,

la que gime en la lluvia con voz de golondrina,

cuando tiemblan los árboles… ahí estás,

frente a mis ojos, con tu cabello de maíz,

“hueles a tierra húmeda, a sueño… quiero apresarte”.

O tal vez no eres tú y yo me quedo en las tristes

tardes esperando en vano;

cuando llueve y mis cabellos se mojan:

—te he esperado con el cabello mojado—

te he esperado con el desayuno en la mesa,

a lo ancho del cielo.

Y no te he conocido.

¿Por qué esta sensación tan absoluta de sentirme ausente?

¿Por qué esta humedad lúgubre y este vacío?

Apenas llegada mi muerte sabré si puedo susurrarte al oído palabras adorables,

si amasé contigo el pan,

si compartí tu queja.

Estoy atado a la vida, mejor estar atado a ti;

mejor escucharte cuando tu boca se cierra,

mejor descubrir tanto amor con sólo tocar tus manos.

Pero no estás;

entonces quisiera fugarme, dejarme morir,

hacerme una momia, hacerme una nada.

Mujer: parte de mis huesos, de mi cabello, de mis uñas,

tierra profunda, húmeda y amada,

adorada hasta el quebranto.

Glóbulo de mi sangre.

Terremoto interminable debajo de mis ropas,

horror de vivir, ausencia de labios…

sólo mis labios.

Mujer de mis besos, de mi latido, de mi todo.

Amor.

Es tan bello enamorarse y es tan hondo este dolor.

Manojo de pájaros… té pierdo como el humo;

te pierdo sin haberte encontrado, sin tocar

tu boca, sin juntar nuestras pieles.

Me dejaste con los brazos abierto durante veinte años.

Y aún están así,

soportando el galopar del tornado,

sufriendo inútiles nostalgias.

Ya no estás, ya no vienes, te perdí para siempre.

“Y te amé tanto”.

Y aún hoy te amaría si te filtraras por mi

ventana con tus ojos de gloria.

Pero no.

Sólo el horror viene y me hace muecas.

Estás tan cerca de mí, tan cerca de la muerte;

¿no oyes el tic—tac de mi corazón molido?

De mi corazón hecho estiércol.

Prometo no volver a enamorarme,

negarme al amor;

es posible,

es posible vivir sin besos constelados,

sin rupturas,

con la noche terrible y soportada a solas,

sin amar ni ser amado,

como un anónimo,

como un hombre que nunca existió.

Es tan bello enamorarse y es tan hondo este dolor.

 

Tú eres la canción ausente;

déjame vivirte aunque sea a través de mi voz,

sentirte como un espíritu,

!y dejarte esta música, este corazón!

Yo moriré lejos de tus ojos,

abandonado, viejo, sin tu risa.

Te he visto.

Te vas lentamente, sin prisas,

como si el viento te llevara.

Te he visto.

y tus ojos encima de tu rostro como dos caracoles,

enigmáticos, tan cotidianos y tan únicos.

Tú me apresas con tu guiño,

me envuelves en tu cabello,

me matas si unes tus manos,

me encarcelas en el paréntesis de tu sonrisa.

Marchas sin prisa,

como si la espuma te llevara.

Eres tú, sentada en el borde de la luna,

comiendo duramos;

ríe, ríe, no pares de reír

—y que la dicha no te deje—.

De pronto mis brazos. Mis ojos que te queman.

Vete con la espuma,

con el viento,

con la nube,

aléjate de mis umbrales,

vuelve sobre mí…

con razón te aman.

Yo también podría amarte.

Pero no;

mi corazón es una piedra,

una roca que mata;

mi sangre es veneno de la víbora terrible,

todo mi ser es el infortunio, locura,

fatiga, hastío.

Aléjate de mis umbrales.

Vete.

No te vayas.

Me estoy acostumbrando, puedo acostumbrarme,

puedo soportar esta noche a solas,

en la penumbra, sin tenerte,

sin haberte tenido,

imaginándome solo, tan infinitamente solo;

sin luciérnagas ni quejidos,

sin viento ni frío.

Solo con la herida abierta,

solo con el olvido,

con la nada,

con el llanto,

con el frenesí,

con lo absurdo,

con la vida, con la muerte, con el recuerdo,

con la flor,

!ah!, y con tu voz,

mujer de mis besos.

No fui, no soy: poeta maldito.

Autor: Joehan Romero

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