ULTIMO LEGADO AMOROSO O EL CAMINO DEL AMOR

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ULTIMO LEGADO AMOROSO O EL CAMINO DEL AMOR

“Si ustedes me aman ya no habrá nada que los aflija;
es pues, el amor, la mejor medicina de espacios
y de mundos”

I

Cuando ustedes quieran amar no permitan que
/sus corazones sufran.
Y cuando amen, entreguen su amor, no su corazón.
¿Acaso sufre la flor cuando ofrece sus fragancias
a la piedra y tú deshechas sus olores?
Así, tu boca no debe sufrir si cogen tus palabras
y las desmenuzan.
Cuando ustedes amen no le digan al ser que adoran
todo lo que han proporcionado,
limítense a enunciar las cosas de las que lo han vedado…
o mejor callen,
mejor ámense y prosigan.
Recuerden que dos ríos mezclan sus aguas
no porque el océano los haya unido, sino porque
ello se buscan y se unen para marchar más
/resueltamente hacia el océano.
Así es el amor: no piensa, no conceptúa,
se riega simplemente como una sangre a borbotones.
Y cuando estén distantes
no permitan que una nostalgia anide en el corazón
de ustedes,
y si eso pasa, hiéranla con el fuego que llevan dentro.

Lo malo no es tener defectos,
lo malo es no luchar por incendiarlos.
Y lo malo no es que sufran,
lo malo es que crean que para eso los destinó la vida.
Amense y todo dolor se irá diluyendo;
acaríciense y hagan de su amor un holocausto.
Y no sufran cuando se sientan traicionados,
deben saber que ustedes también han defraudado,
y que una larva habitaba en ustedes
aún antes de que sus labios se juntan para
/formar el beso.
Amense, ámense y prosigan;
no permitan que falsas luces torturen sus destinos;
ámense como el mar que se evapora por amor al río.

II

Cuando ustedes amen, ámense y adórense,
pero no permitan que sus corazones sufran.
En un lugar donde hay dolor no hay amor;
el amor es el germen de todas las dichas;
motor y creador.
Por amor el viento juega con las olas,
por amor dos seres se unen y renacen.
El amor debe ser calificado y probado en las llamas,
pero no confundan esto con el deseo que los lleva
a las llamas ya no como prueba, sino como castigo.

Cuando ustedes amen, ámense y no cesen.
El amor es como una fruta madura cuya madurez
les hace caer hacia ustedes;
como un faro ondeando entre las aguas.
Y amen no sólo a la diminuta planta que crece
/en el bosque,
amen todo lo que los rodea porque en todo
hay un corazón.
Y acaricien con cariño incluso a la piedra
que los hace tropezar;
¿no son los tropiezos los que más nos enseñan?
Unanse y bésense;
en esa unión ustedes son como una cruz que los redime,
que los cercena y los resucita y los deja emblanquecidos.
Entonces, sólo entonces ustedes serán como palomas
en el mundo
y amarán los cartuchos que nacen del cenagal.
No es lo mismo el aroma de la rosa que la rosa misma;
el aroma es el amor que ustedes dispersan,
y la rosa es la unión de ustedes cuando pulsan sus cuerpos
como a delicados pétalos.
Cuando ustedes amen, ámense y adórense;
y amen también lo que esta encima de sus cabezas,
debajo de sus pies y a la altura de sus cuerpos;
amen con un fragmento del amor universal.
Y recuerden que el amor sólo es posible
cuando del corazón se arrojan los dragones
oscuros que lo habitan,
y que la luz sólo es posible cuando se quitan las tinieblas;
así, ustedes arrojen de sus corazones las tinieblas
para que allí aniden los destellos del amor.
Pero ante todo, recuerden que la capacidad
de disolver esas sombras radica en aquello
/que las creó;
recuerden que el camino del amor
no estaba muy lejos de ustedes.

III

El principio del amor está en ustedes, hombres y mujeres.
Un solo hombre y una sola mujer.
Y recuerden que ustedes fueron echados desnudos
al mundo y en pareja.
Y recuerden que el sexo es tan negro como un hombre negro
o tan blanco y sagrado como un ángel blanco y sagrado.
Amense, ámense y no cesen.
El amor está en vuestras desnudeces
y en el más mínimo de los actos cotidianos.
El amor está arriba, abajo, en el centro;
el amor está en dos pájaros que vuelan juntos,
en dos peces que henden el océano,
en los helechos en lluvia,
en el buitre incluso cuando devora la carroña.
Todo viene, se sucede y pasa.
El amor no pasa;
yo les he traído el canto de lo perenne.
Amense, ámense y no cesen.
El amor está en aquello que fue juzgado como sombrío
sin serlo;
el amor es, con justa razón, esa roca que os hace tropezar.
Y recuerden que del carbón oscuro se levantan
/los diamantes;
y que los esturiones recorren las profundidades oceánicas;
y que el falo y el útero son una cruz
donde ustedes deben crucificarse.
Recuerden que el Hijo no toca la tierra
sino que se eleva y sus ojos buscan cielo.
Ahora…
Mil flechas envenenadas que me busquen
hasta matarme,
bocas que semejen áspides y agujas,
¿qué importa?
Que me cercenen los laberintos del mundo y del hombre,
que sus estériles luces calcinen mi quebrada geología,
que mi propia ansia se rompa en desolación
y en aguas que se fugan a la sombra;
nada importa;
ustedes ámense, ámense y prosigan;
no cesen en este camino de los cóndores,
en este árbol sagrado que tira ante ti sus dos puentes.
Unanse y muéranse.
Unanse y renazcan.
Ustedes fueron destinados el uno para el otro
y el matrimonio es poco menos que un mandato.
Unanse, pero sean como un par de castrados
por amor a las águilas y al cielo.
No importa que el mundo os vede sus puertas;
ámense y tendrán asegurada otra patria.
Y recuerden que el universo todo es una serie
de corazones que se aman.
Y recuerden que del polvo se levantaron
/las lámparas del espacio.
Amense, ámense y no cesen.
Yo soy ese que se escondía en las pencas de fique
escribiendo tu nombre.
Yo soy ese que no fue menos indigno ni más importante
que lo menos indigno ni más importante:
ustedes.

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