Un poema a Khalil Gibran

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El que haya leido la obra de este gran poeta libanés, y que esté versado en esoterismo, sabrá que Gibrán era esoterista, gnostico, místico.

EL BIENAMADO, EL ELEGIDO

“Un cuerpo desnudo es el símbolo más verdadero
y más noble de la vida”
Khalil Gibran

Contigo sí puedo hablar de aquello por lo que nos morimos,
emprender un mismo vuelo sobre la ola cercada;
contigo sí puedo recorrer las montañas del Líbano,
la rosa que besamos,
el alto cedro que se yergue en el cuerpo tuyo;
Khalil,
Khalil hermoso como un navío entre la niebla,
contenido de ese jugo que juntos conocemos,
hermano de mi marea,
tú eres un tigre dulce en un crepúsculo de espuma,
tú mismo eres esa espuma que viaja por los montes,
por el lago solitario;
contigo en lo solitario donde Almitra te espolea.
¿Por qué sólo ella te esperaba, permanecía,
como en un misterio?
Dímelo,
y dime también por qué para ti una virgen
es el secreto más firme y más hermoso,
que transforma el silencio de un espíritu original
en una conciencia perpetua;
por qué el sexo es siempre bello y es siempre tímido,
y el matrimonio la unión de dos almas
en un amor profundo para abolir lo que los distancia;
y el árbol de perfumes a que te acuchillas.
El bienamado, el elegido,
águila en tu nido de peña transparente;
contigo sí puedo decir lo que es una desnudez,
un arroyo de vida que se despeña de la cascada,
hermano de mi marea,
capitán de mi mano desmayada,
contigo sí sabemos lo que es crucificarse
y comprender que el Cristo está en lo más tierno,
lo más sagrado, lo más frágil.
Khalil de arroyos que van al aire,
hermoso como una luz que junta los tejidos;
Khalil de una humareda que es sueño y oleaje,
la brisa de la mañana,
la raíz que es memoria de nuestro mundo.
Khalil perdido con su cruz cotidiana,
resurgiéndose, quemándose;
Khalil adorable,
yo por ti me desnudo como se desnudan los serafines,
o esos peces que son doncellas de busto descubierto,
o como esos enfermos irremediables
que vuelven locos a los impúdicos
(como si un ángel por dentro no les restregara el misterio).
Khalil de niebla,
del rocío que se riega por el monte;
contigo sí se puede decir lo que es un amor
—y lo que es más: creer en él—,
esa harina sagrada que nos cose y nos amasa,
esa cruz de fuego que nos quema y nos socava,
y las alas de nieve que les nacen a los que se acarician.
Khalil amable,
contigo sí se puede viajar a la muerte
y saber que la vida late en ella;
contigo desbaratar las leyes, los estatutos, las constituciones,
y sufrir el corazón que nos dicta la ley más divina.
Khalil impensable,
no te escribo a la manera tuya porque sé que nada pides;
quizás el cristal que fluye por los trigos,
tu propio sol de un niño que es saeta dirigida al horizonte.
Khalil para besarte,
para trotar por las rosas o los girasoles;
contigo sí se puede hacer llorar una paloma de esa risa
que nos posee
y descender al mismo jardín hermoso
donde cada perfume se abre a la voz tuya.

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