Una mujer potranca

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MI ARDIENTE POTRANCA, tus brazos son mi cárcel,

Mi grito de marcha,

Tus dientes son mis lianas

Y te desvisto sin pudores.

Hembra caliente, ahora que es de noche

Y las flechas caen,

Puedo acercarme,

Y tu rosado sexo parecido al de las potrancas,

Caen,

El cielo está ensangrentado

Y nuestro amor es como los alcoholes.

Mi pecho es tu pizarra,

Escribe en él tus signos,

Yo soy tu tigre

Y explotan nomás unas granadas a lo lejos.

Entretanto te tengo,

Y todavía eres codiciada entre esas montañas

Erectas

Como mi cuerpo cuando te acerco,

Hembra caliente de olor a yeguas,

Tu sexo en mi cuello es una metralla,

Y ya aún las espuelas amanecieron,

Resuenan

Brillan temblores,

Si estás entre los relámpagos

Estás entre mis dedos,

Y oigo tus gritos como las terribles locomotoras,

Oh densa lengua

Que lame mis miembros,

Te amo cuando cenicienta

Te acaricias las ansias desnutridas,

También a veces, también,

Y eres la tachuela en mis alpargatas,

Eres la mora que destripo entre mis pechos.

 

Ya está amaneciendo

Y llueven los muertos.

Pero yo te recuerdo mi potranca

Entre las flechas y los calcinados,

Yo gimo de orgasmo

Con sólo el olor de tus piernas separadas,

Entre las gentes,

Entre lo voluble de las piedras que se pierden,

Estallas a lo lejos, furibunda.

Eres la burbuja escarlata

Y te deshojo como un tamo en la canícula,

Te deseo y me pierdo en tus abismos.

Autor: Joehan Romero

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