Yo te ame

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YO TE AME ENTRE ESTOS ARBOLES que aún te guardan,

yo te amé con tus ojos espantados, a pesar

de las caricias sangrientas

y de ese odio mutuo que veíamos arder

con veneración casi humana.

Y también el amor.

Pero este era, en la mayoría de las veces,

sólo como un pretexto para perpetuar nuestro juego de sangre.

 

Me olvidaste.

Me rompiste coma a un muñeco de trapo,

me destinaste al páramo y a los picos afilados de tu olvido.

Me dejaste como una osamenta sobre el campo.

Tú no fuiste ni siquiera una libélula,

una bandera por la cual morirme.

En tu tierra sólo eran los barrotes,

la fiebre de unos besos ya tan cotidianos.

En ti sólo era el hambre,

y yo preferí el exilio,

la soledad que es nuestra primera cuna.

Me fugue de la prisión de tus senos exquisitos,

me encerré, me quedé detrás de la ventana,

me hice invisible a mis propios ojos.

—Pero tú me buscas—,

te filtras por los agujeros de mi ropa,

me haces muecas,

me persigues en los momentos de angustia,

me persigues desde el horror de tu dicha,

en los volcanes,

en el trueno,

no me abandonas.

Y yo también te encarcelo en mis neuronas.

Pero te alejas.

Y yo también me alejo tan irremediablemente

que ni el horror nos une.

De pronto nos hemos ido alejando,

de pronto llegan los días en que la nieve cae y todo cae.

Tienes mis cenizas regadas en tu cabeza,

y sin embargo, nada, nada;

ni siquiera el horror de vivir,

ni siquiera la asfixia.

—Estás perdida dentro de ti misma—.

Yo te amé entre estos árboles que aún te guardan.

Yo te ame

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