Madrugada

amor, otros poemas
 Poema al azar
Publicado por:
Guillermo de la cueva
Ver biografia completa

La normalidad puede vestir cualquier uniforme

y entre tantos y tantas estoy yo:

el niño que nació

diciendo “Marta” y nadie sabía el porqué,

tenía ganas de ti antes de nacer

y es que no se como puedo tener

nostalgia de estar juntos

si de mis recuerdos me separan un puñado de minutos.

 

Te saboreo en el humo de los cigarros,

te veo en cada luz del Madrid nocturno,

te siento en la espuma de la cerveza rozando mis labios,

te recuerdo en mi interior más profundo ,

estabas en mi antes que yo mismo

y ahora no puedo estar sin ti lo más mínimo.

Eres la luna

que ilumina mi cielo a oscuras

¿Dónde no estarás?

si no hay rincón de mi cabeza que te quede por tomar,

si la música arde como fuegos artificiales,

explota…

cada nota…

hueca de la que tu voz sale.

 

Y así vuelvo a casa

soñando con que nunca cambie

pensando que la edad no es nada

que es solo una tonta costumbre,

que para nosotros no hay reglas

solo me importa que sientas cuando me leas,

escribiendo para el público más selecto

mientras sueño

con rodear tu cintura

con compartir una vida futura.

Madrugada
Se habla de:                     


Acerca del autor



Guillermo de la cueva
Escritor(a) en laspoesias.com
Ver biografia completa
Poemas publicados: 5
Cómo mostrar mi imagen

Poemas recomendados


Tu cabello

TU CABELLO   T              c            o              o                  d u             a          n              l              e b             d              a             l e              e              s          a l           a              j            n l              c               u            o o             o            g            c m             u         h o              e       e l             


No te puedo ver

YA SABES QUE NO TE PUEDO VER ¿a qué vienes entonces? Digo. Es que estoy bravo, no es que me esté quedando ciego. No te puedo ver


Poema sobre el nacimiento de un niño

VIDA PARA LA VIDA No se oye nada fuera de los gritos. No se ven las piernas ni los tallos ni las plumas. Todavía no se desprende otra perpetuación de la existencia. Respira. Nada. Pero de repente, en la hora