CONCURRENCIA SOÑADORA

otros poemas
 Poema al azar
Publicado por:
JoelFortunato
Ver biografia completa

CONCURRENCIA SOÑADORA
Autor : JOEL FORTUNATO REYES PEREZ

Donde el humo enciende un cigarrillo
con el escándalo mecánico
en la penumbra artificial de los ratones
con la voz de la distancia
en el lívido límite de la cárcel tierna
con la dulce incertidumbre
del incendio fósil dictando conferencias
al clavel de la primera vez constante
del sonido perseguido del ruido requisado
por la sospecha despreciada despiadada.

Por ser la concurrencia soñadora empedernida
y que no solo pensase al leer en lo que lee
ni en la repugnancia de repetir lo ya dicho
¡ Sin la dicha de sentirlo !… Encadenado al río
que corre boca arriba naciendo navegante ligero
de lo conseguido en cierto modo incierto espeso
al encontrar otro camino rabioso ramaje rapaz
en que cada parte del principio supone un fin
un pronóstico sin ropa sin ritmo sin horno postal.

En
La
Concurrencia
Soñadora… ¡ Por ese anhelo que no ha tenido !
Ni antecesor, ni sucesor, sectario secuaz sedoso
Ni tímidos resortes rectos, ímprobos incandescentes
En las dulces curvas… ¡ Dónde la sal entra !
Con el velo del preciosismo azulado ambulante
Y la vanidad dorada en salmuera… ¡ Por hablar del sentir
de lo que nada se sabe, ni se puede saber, pregonándolo !…

Autor : JOEL FORTUNATO REYES PEREZ

CONCURRENCIA SOÑADORA
Se habla de:                         


Acerca del autor



JoelFortunato
Escritor(a) en laspoesias.com
Ver biografia completa
Poemas publicados: 74
Cómo mostrar mi imagen

Poemas recomendados


De tu mano salen las palomas

DE TU MANO SALEN LAS PALOMAS, de tu boca salen los besos. ¡Has que salga el amor de las flores! Has que el corazón se muera con su aroma. Entonces me quitaría el corazón para olerte. Entonces hasta de las


Delirium

DELIRIUM Aquí sube un puñado de sangre que se convierte en escorpiones s o b r e t u b o c a Aquí queman las nubes Aquí arden y se calcinan las voces. Aquí llueve un pueblo de sangre


Poema sobre el erotismo

Voy trepando por tus dedos, llego a tus rodillas. Subo. ¡Oh, qué blancas carnes! Me detengo lentamente sobre tus muslos temblorosos, recorro también tus pechos apretados, tu espalda, tu cintura, tus pezones erguidos como colinas, y tiemblo al llegar a